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Testimonio de Juan Sánchez-Blanco, diácono y congregante

Testimonio de Juan Sánchez-Blanco, diácono y congregante

Desde que acabé la carrera de Arquitecto Técnico, allá por el 1993, me hice congregante, pertenecer a la Congregación le ha dado sentido a todos mis trabajos.

Estar encomendado a San Isidro y a la Virgen de la Almudena, me ha ayudado a superar las dificultades y también a celebrar los aciertos con los compañeros. También siempre he confiado en la fuerza de la oración de nuestras hermanas de clausura de las Descalzas Reales, a quienes agradezco su intercesión que seguro ha sido mediadora como la oración de los mismos congregantes para que se haga realidad la otra vocación a la que he sido llamado.

En la Universidad formé parte de un grupo de jóvenes cristianos de la Escuela de Arquitectura Técnica. A los veintitantos me apunté con este grupo a una peregrinación a Santiago. Mi abuelo había escrito un libro titulado "Caminando a Compostela"y me encantó compartir su experiencia. Además, fue el año de la Jornada Mundial de la Juventud organizada por Juan Pablo II en Santiago. Tuve la suerte de compartir esa peregrinación tan especial con mi “Tío Manolo el cura”, experto y veterano peregrino y con otros cientos de personas. Fue un viaje muy enriquecedor, del que todavía me alimento de sus frutos. Fue una gozada, sin apenas cansancio y no me salió ni una ampolla.

Ya en la vida laboral, me desvinculé más de mi vida cristiana. Ya solo iba a misa en bodas, bautizos, comuniones, funerales y demás eventos. Buscando siempre algún vinculo que me ayudase a mantener la fe, me hice de la Congregación de San Isidro y la Almudena del Colegio de Aparejadores. Nos reuníamos en las fechas de nuestros santos patrones celebrando misa en las Descalzas Reales.

 

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